AÑO 2003
PAÍS España
DIRECTOR Manuel Martín Cuenca
GUION Manuel Martín Cuenca (novela de Lorenzo Silva)
MÚSICA Roque Baños
FOTOGRAFÍA Alfonso Parra
REPARTO Luis Tosar, María Valverde, Mar Regueras, Nathalie Poza
PRODUCTORA Rioja Audiovisual
Manuel Martín Cuenca, almeriense con una buena trayectoria en el mundo del cine, comienza su andadura realizando documentales como El juego de Cuba (2001), premiado en el Festival de Málaga y otros reconocimientos internacionales. Una obra sobre la historia de Cuba a través del béisbol, su deporte nacional, estableciendo paralelismos y describiendo contradicciones de un país por el que siente un vínculo especial y en que impartió clases de cine.
Su primer largo de ficción es la obra que nos ocupa, La flaqueza del bolchevique (2003), con la que consigue un éxito de crítica y el descubrimiento de talentos como María Valverde.
En 2004 funda LA LOMA BLANCA, una productora audiovisual andaluza, que apuesta por un cine de fronteras, geográficas y emocionales, pero sin fronteras formales. En palabras del propio director, sintió la necesidad de tener un modelo de producción que respondiera a las necesidades concretas de las películas de naturaleza más libre y arriesgada, favoreciendo el respeto de la cualidad creativa inherente al cine sin que ésta quedase totalmente subyugada a los criterios meramente comerciales de la industria del entretenimiento.
Es por tanto un director que huye de las etiquetas, que se define a sí mismo como un artesano del cine, y para quien la coherencia en sus proyectos es muy importante.
La flaqueza del bolchevique es una adaptación de la novela del mismo título de Lorenzo Silva, finalista del Premio Nadal. Martín Cuenca respeta la obra, y lleva a cabo una adaptación seria, renunciando a arriesgar o a dejar su impronta como director.
A La flaqueza del bolchevique le seguirán otros largometrajes como Malas temporadas (2005) y La mitad de Óscar (2010) y también documentales como Últimos testigos (2009), donde a través de los testimonios de Santiago Carrillo y Manuel Fraga nos sumerge en la historia más reciente de España.
Su última película hasta la fecha es Caníbal (2013), un thriller psicológico que obtuvo 8 nominaciones en los Goya, llevándose el premio a la mejor fotografía y que fue también candidata a representar a España en los Oscar.
EL BOLCHEVIQUE Y LA LOLITA
La historia nos sitúa en la vida de Pablo, un empleado de banca con un puesto bien remunerado pero hastiado de su trabajo y de su vida, un hombre amargado con una vida vacía, que tras un accidente de tráfico camino a la oficina decide fastidiar un poco a la conductora con la que tiene el percance. Una pija, como él mismo dice. Y así, como por azar, se topa con la hermana menor, María. Una joven quinceañera que le hace volver a sentir algo.
El personaje de María encarna a la perfección el rol de lolita, una joven inteligente, atrevida, con cierta atracción por las relaciones peligrosas. Un personaje opuesto a Pablo, que ve en ella un estímulo en su vida vacía.
La relación no deriva en lo carnal, en lo sexual, ni tampoco se detiene en juicios fáciles sobre lo ilegal o lo truculento de la relación entre un adulto y una adolescente. El filme nos muestra un amor sincero, no centrado en tanto en la pasión sino en una conexión más espiritual, como podemos observar en las escenas que comparten los personajes, donde tienen mucha importancia las miradas, la compresión. Un amor que es la vía de escape para Pablo, que despierta en él sentimientos que ya parecía tener olvidados. La única pizca de luz en su oscura existencia.
De repente, pasamos de ese comienzo aburrido e insoportable que es la vida de Pablo, a la relación con María, que supone ese cambio en su vida, una fascinación que se convierte en amor profundo, un giro azaroso de la vida que se tornará en trágico al final.
El peso del film recae sobre los dos actores que interpretan a los personajes principales, un Luis Tosar ya consolidado como uno de los mejores actores del panorama español y una María Valderde debutante demostrando que tiene un gran futuro y llevándose el Goya a la actriz revelación.
María Valverde deslumbra con una dulzura y una naturalidad que nos hace sentir lo mismo que Pablo, a pesar de la significación negativa de estas relaciones en nuestra sociedad. Consigue crear un lazo con el espectador, que nos atraiga lo peligroso, lo prohibido, convierte lo inaceptable moralmente en deseo.
Es esta relación entre Pablo y María, sus magníficas interpretaciones, las que hacen de esta película una buena película. Son dos principales muy sólidos, bien construidos. El resto de personajes son demasiados secundarios, no tienen un papel relevante en el filme.
La historia, que es narrada guardando una total fidelidad a la novela, quizás pierda fuerza en algunos momentos del guión. Martín Cuenca ni añade ni resta a una historia que empieza lenta, toma fuerza con la aparición de María, y termina con un final dramático aunque quizás algo forzado. Si bien la historia pueda no parecer nueva, pues ya ha habido otras incursiones cinematográficas, no por ello deja de resultar interesante.
En definitiva es un filme donde el director pasa desapercibido, con una puesta en escena muy discreta, y cuyo peso soportan las interpretaciones de hoy dos grandes actores como son María Valverde y Luis Tosar.
En definitiva es un filme donde el director pasa desapercibido, con una puesta en escena muy discreta, y cuyo peso soportan las interpretaciones de hoy dos grandes actores como son María Valverde y Luis Tosar.
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