Caché: Haneke, un provocador



AÑO 2005
PAÍS Francia
DIRECTOR Michael Haneke
GUION Michael Haneke
FOTOGRAFÍA Christian Berger
REPARTO Daniel Auteuil, Juliette Binoche, Maurice Bénichou, Annie Girardot, Lester Makedonsky, Bernard Le Coq, Walid Afkir, Daniel Duval, Aïssa Maïga
PRODUCTORA Coproducción Francia-Austria-Alemania-Italia; Les Films du Losange / Wega Film / Bavaria Film / BIM Distribuzione


HANEKE, UN PROVOCADOR

El cine de Michael Haneke no es un cine fácil. Nunca lo ha sido. Siempre buscando la incomodidad del espectador, bien a través de su estilo narrativo o bien a través de romper los esquemas en los que tan cómodamente vivimos.

En su primer filme, El séptimo continente (Austria, 1989), ya quedan patentes estas estructuras narrativas y los temas que seguirán interesando al director en sus obras posteriores, como la violencia.

Le seguirá El vídeo de Benny (Austria, 1992), donde trata un tema muy recurrente en sus obras como es la violencia, que representa de un modo muy particular, a través de chico adolescente que comete un asesinato y lo graba. Una reflexión sobre la exposición mediática de la violencia y la consecuente insensibilización.

Esta llamada trilogía de la glaciación emocional se completa con 71 fragmentos de una cronología del azar (Austria, 1994), donde a través de diversos personajes aparecen temas como la incomunicación, la alienación y el distanciamiento. Otra vez una análisis de la sociedad moderna.

Más tarde vendrán La pianista (Francia, 2001) y la obra que nos ocupa, Caché, probablemente sus dos filmes más reconocidos internacionalmente junto con La cinta blanca (Alemania, 2009).

En Caché, Haneke juega con nosotros, y nos presenta una historia disfrazada de thriller en el que las cintas de vídeo son un recurso para contarnos otra cosa.

La historia se centra en una familia francesa acomodada, que ve como su tranquila vida se ve perturbada por la aparición de unas cintas de vídeo que anónimamente le mandan a Georges, el padre. Las cintas contienen grabaciones de su vida cotidiana pero no información importante, sino las idas y venidas de los miembros de la familia. Y es que poca importancia tienen las cintas, pero sirven para crear esa atmósfera de tensión.

Quizás esa es la intención desde un principio, el uso de las cintas como mero elemento perturbador para observar un retrato de la sociedad moderna, que tanto gusta al director.

La búsqueda del acosador por tanto es inútil, y quizás el encuentro con el antiguo compañero argelino, al que el protagonista considera el posible autor de las cintas, puede ser más una reflexión sobre el tema racial en la sociedad francesa, o el sentimiento de culpabilidad por las acciones del pasado que pudieron condicionar su futuro.

El final, lógicamente, no resuelve nada, como si Haneke lo dejara a nuestra elección. ¿Son los hijos de ambos los que están juntos?


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